LA RIQUEZA DEL VATICANO VOL. X
LA RIQUEZA DEL VATICANO
Súper rica en base al asesinato
Los papas tampoco se intimidaban ante asesinatos, si se trataba de ventajas económicas o de poder político. Si se les cree a algunos sacerdotes, que en forma anónima se dirigieron con un libro a la opinión pública, entonces aún hoy en día suceden misteriosas muertes en el Vaticano.
El historiador Thomas Tomasi escribió al respecto: “No sería posible contar todos los asesinatos, violaciones y los casos de incesto, que fueron perpetrados todos los días en la corte del papa. Una vida humana no alcanza para tomar nota de los nombres de todos los que fueron asesinados, envenenados y tirados vivos al río Tiber.”
El asesinato fue un importante ingreso paralelo para el papa Alejandro VI. Harto de las constantes amenazas de su hermano, que se encontraba en el Vaticano como refugiado, el sultán otomano Bayaceto II envió al papa Alejandro VI 40.000 ducados de oro, por los cuales debía asesinar a Dschem. Pero la ayuda del papa no era tan barata. Entonces esperó. El sultán puso luego otros 200.000 ducados . Después de esto el papa Alejandro VI hizo envenenar a Dschem.
La venta de cargos fue una buena fuente de ingresos. Para que los ingresos no se agotaran, “el papa Alejandro se preocupaba de que los cardenales que él había nombrado fuesen pronto envenenados. Entonces no sólo se podían volver a vender los cargos cardenalicios, sino también hacerse con las propiedades, que pasaban a manos de la Iglesia – lo que quiere decir, a manos del papa Alejandro.”
En su bestseller “La santa mafia del papa”, Robert Hutchison menciona una serie de muertes misteriosas, que estarían en relación con asuntos financieros o personales del Vaticano o un grupo cercano. Él se refiere a los siguientes casos mortales:
· 1975: El senador francés príncipe Jean de Broglie
· 1977: Charles Bouchard, gerente del banco Leclerc de Ginebra
· 1978: El padre Giuliano Ferrari
· 1978: El patriarca ortodoxo Nikodim
· 1978: El papa Juan Pablo I
· 1978: Poco después, el Secretario de Estado cardenal Villot
· 1979: El cardenal Vagnozzi, jefe de la prefectura para asuntos económicos del Vaticano
· 1981: Francesco Cosentino, logia P2
· 1982: El banquero milanés Roberto Calvi
· 1982: El anticuario Giorgio Di Nuncio
· 1982: El cardenal Benelli de Florencia
· 1985: El ex ministro de relaciones exteriores de España, Gregorio López-Bravo
· 1985: El banquero Ricardo Tejero
· 1986: El empresario marítimo José María Aristrain
· 1986: El mafioso Michele Sindona
· 1986: Un fallido intento de asesinato del empresario español Ruiz-Mateos
· 1986: El juez del tribunal constitucional Manuel García Pelayo
· 1994: El arzobispo salvadoreño Rivera Damas
· 1998: El director de la filial del banco Vaticano en Nápoles, Aldo Palumbo
El sacerdote Giuliano Ferrari fue encontrado muerto en un compartimiento vacío del tren expreso Ginebra – Paris. Aparentemente murió a causa de un “fulminante ataque cardíaco”. Ya en 1969 se trató de envenenarlo lentamente con digitalis glucosides. Esta droga produce fallos cardíacos.
Ferrari llamó a la Iglesia romana, “la empresa financiera más grande y sucia del mundo”. Karlheinz Deschner especula si no habría sido una víctima del Vaticano. Según la opinión de Ferrari, los sacerdotes latinoamericanos Camilo Torres y Oscar Romero, también fueron víctimas del Vaticano. Ferrari dijo poco antes de su muerte: “El crimen más reciente del Vaticano fue el asesinato de mi amigo, el arzobispo Oscar
Romero, en San Salvador.“ En la mañana del 18 de Junio de 1982 el banquero milanés, Roberto Calvi, fue encontrado colgando bajo un puente del Támesis. Él fue encubridor y participante de uno de los grandes escándalos financieros que fue provocado por el Vaticano. Él le dijo a su hija poco antes de morir: “Los curas van a ser mi fin.”
Su esposa, Clara Calvi, dijo en una entrevista: “Con seguridad fueron los curas del Vaticano. Esto nos lo dijo Roberto antes. Matar a alguien no es pecado para ellos, así se lo dijeron. Ellos sólo liberarían un alma de un cuerpo.“
Al anterior consejero financiero del Vaticano, Leopold Ledl, le dijo Calvi días antes de su muerte en su huida a Londres: “Marcinkus quiere mi cabeza” (se refirió al cardenal Marcinkus).
El lunes 4 de mayo de 1998 fueron asesinadas tres personas.
La versión oficial: El guardia suizo, Cédric Tornay, habría asesinado al teniente Estermann y a su esposa Gladis Meza Romero, para luego dispararse a sí mismo. Un grupo de clérigos y laicos perteneciente al Vaticano, que quieren permanecer en el anonimato, lo ven de otra manera. Ellos escribieron un libro en Italia sobre este tema, con el título: ”Mentiras sangrientas en el Vaticano”. En Alemania apareció este libro con el título: “Ihr habt getötet”.
En su libro exponen sus reflexiones de cómo se pudo haber llegado a este asesinato, quién fue el beneficiario y enumeran muchas incongruencias hasta la carta falsificada de despedida del supuesto asesino.
La madre de Céderic afirma que hay alguien en el Vaticano que podría aclarar la verdad, pero éste habría desaparecido de repente.
Ella tiene miedo, porque delegados del Vaticano fueron a visitarla a Suiza, para presionarla y requerir su silencio.
Según datos de este grupo colaborador anónimo del Vaticano, que se hacen llamar los “Apóstoles de la verdad”, en el Vaticano habría una “sangrienta guerra de sucesión“, desencadenada entre los remanentes de la tristemente famosa logia masónica P2 y el archi-conservativo grupo internacionalmente activo.
Los “apóstoles de la verdad” del Vaticano escriben que un tenaz forcejeo entre el clan de los masones y este grupo internacional, se reparten entre ellos “el gigantesco (político, económico y logístico) poder del Vaticano, donde el papa es sólo una imagen para el público.“
A la muerte de Juan Pablo I (Albino Luciani) dicen que él quería terminar con los dudosos negocios financieros, el exagerado lujo y la corrupción dentro de la Iglesia oficial. “Pero su pontificado fue notoriamente corto (sólo 33 días). Las circunstancias de su muerte fueron misteriosas, y el cadáver de Albino Luciani fue tan rápidamente embalsamado, que fue imposible hacerle una autopsia …”


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