LA RIQUEZA DEL VATICANO VOL.IX
LA RIQUEZA DEL VATICANO
Súper rica por el diezmO
Un importante papel en los ingresos de la Iglesia también lo juega el diezmo
En la Edad Media, todos los propietarios de tierras estaban obligados a entregar una décima parte de su producción o sus ingresos a la iglesia local.
El que no pagaba, o no lo pagaba correctamente, se arriesgaba a una condenación y excomunión por parte de los curas.
Así los curas salían “armados y recaudaban las deudas sin conmiseración”, mientras que predicaban hipócritamente contra los intereses y usuras.
El papa Pío V les daba a los incautadores las siguientes instrucciones: “Un hombre común que no puede pagar su multa en dinero, deberá permanecer durante un día con las manos atadas a la espalda frente a la puerta de la Iglesia, la segunda vez será flagelado por las calles. La tercera vez le será perforada la lengua y enviado a las galeras.“
Por rehusar pagar el diezmo, con los campesinos de Stedinger se llegó al asesinato en masa y al saqueo por parte de la Iglesia y sus señores. Los campesinos se negaron a pagar el diezmo al arzobispo de Bremen. En contra de ellos, en 1229 se hizo activo el terrible instrumento de la Inquisición.
El papa Gregorio IX hizo predicar a sus dominicanos la cruzada contra los campesinos de Stedinger.
En el invierno de 1229/30, el arzobispo Gebhard II, junto a su hermano y otros nobles y sus caballeros, fueron a la guerra contra los campesinos.
Al comienzo vencieron los campesinos, pero cinco años después, el 25 de marzo de 1234, fueron masacrados por el ejército al servicio de la Iglesia.
Súper rica por simonía
La venta de cargos (simonía) le trajo al papa mucho dinero y propiedadesYa en el siglo IV, el apoderarse fraudulentamente de herencias por el entonces papa Dámaso fue tan terrible, que incluso tuvo que intervenir el emperador.
Para no entrar en sospecha de herejía, cada terrateniente o arrendatario, después de su muerte, dejaba una parte a la Iglesia. Porque incluso un muerto podía ser acusado de hereje, para robarle después toda la herencia a sus descendientes. Además, el sospechoso de herejía, bajo ciertas condiciones no recibía un lugar para ser enterrado en tierra consagrada. Bajo esta presión moral fueron aumentando las tierras de la Iglesia.
El papa Alejandro III dispuso ya en 1170, que ningún testamento que no fuese hecho en presencia de un sacerdote, sería válido .
Cada notario mundano que extendía un testamento sin observar esta disposición del papa, era castigado con la excomunión.
La Iglesia reclamaba exclusivamente para sí, el derecho de confirmar judicialmente un testamento.
Las herencias testamentarias valían, según la Iglesia, como un medio fiable para reducir el tiempo en el purgatorio. Así el miedo a los eternos castigos infernales hacía que las personas enfermasen, si no aportaban a la Iglesia un buen montón de dinero. Y esto sucede hasta hoy en día.
La ética cristiana de la reparación fue expuesta de la siguiente manera: A los comerciantes usureros se les decía que la única manera de alcanzar la salvación era la devolución total de sus ganancias. Por regla general la devolución no se le hacía a los afectados, y en su lugar se fundaban nuevas fundaciones eclesiales.
El padre de la Iglesia Salvian predicaba sin miramientos en el siglo V: ”Aquel que deja su fortuna a sus hijos, en vez de entregarla a la Iglesia, actúa en contra de la voluntad de Dios y en contra de su ventaja. Mientras cuida por el bienestar terrenal de sus hijos, defrauda su propio bienestar en el cielo.”
San Basilio lo formulaba de la siguiente manera: “Prever para sus hijos, es sólo un pretexto de los codiciosos.“
El engaño de las herencias por parte de los curas es conocido hasta en la actualidad. Especialmente personas mayores son afectadas por esto. Adultos mayores que están solos en hogares de ancianos, son especialmente accesibles al consuelo de los sacerdotes …
Ya en el siglo IV, el apoderarse fraudulentamente de herencias por el entonces papa Dámaso fue tan terrible, que incluso tuvo que intervenir el emperador.
Para no entrar en sospecha de herejía, cada terrateniente o arrendatario, después de su muerte, dejaba una parte a la Iglesia. Porque incluso un muerto podía ser acusado de hereje, para robarle después toda la herencia a sus descendientes. Además, el sospechoso de herejía, bajo ciertas condiciones no recibía un lugar para ser enterrado en tierra consagrada. Bajo esta presión moral fueron aumentando las tierras de la Iglesia.
El papa Alejandro III dispuso ya en 1170, que ningún testamento que no fuese hecho en presencia de un sacerdote, sería válido .
Cada notario mundano que extendía un testamento sin observar esta disposición del papa, era castigado con la excomunión.
La Iglesia reclamaba exclusivamente para sí, el derecho de confirmar judicialmente un testamento.
Las herencias testamentarias valían, según la Iglesia, como un medio fiable para reducir el tiempo en el purgatorio. Así el miedo a los eternos castigos infernales hacía que las personas enfermasen, si no aportaban a la Iglesia un buen montón de dinero. Y esto sucede hasta hoy en día.
La ética cristiana de la reparación fue expuesta de la siguiente manera: A los comerciantes usureros se les decía que la única manera de alcanzar la salvación era la devolución total de sus ganancias. Por regla general la devolución no se le hacía a los afectados, y en su lugar se fundaban nuevas fundaciones eclesiales.
El padre de la Iglesia Salvian predicaba sin miramientos en el siglo V: ”Aquel que deja su fortuna a sus hijos, en vez de entregarla a la Iglesia, actúa en contra de la voluntad de Dios y en contra de su ventaja. Mientras cuida por el bienestar terrenal de sus hijos, defrauda su propio bienestar en el cielo.”
San Basilio lo formulaba de la siguiente manera: “Prever para sus hijos, es sólo un pretexto de los codiciosos.“
El engaño de las herencias por parte de los curas es conocido hasta en la actualidad. Especialmente personas mayores son afectadas por esto. Adultos mayores que están solos en hogares de ancianos, son especialmente accesibles al consuelo de los sacerdotes …
En la Edad Media, todos los propietarios de tierras estaban obligados a entregar una décima parte de su producción o sus ingresos a la iglesia local.
El que no pagaba, o no lo pagaba correctamente, se arriesgaba a una condenación y excomunión por parte de los curas.
Así los curas salían “armados y recaudaban las deudas sin conmiseración”, mientras que predicaban hipócritamente contra los intereses y usuras.
El papa Pío V les daba a los incautadores las siguientes instrucciones: “Un hombre común que no puede pagar su multa en dinero, deberá permanecer durante un día con las manos atadas a la espalda frente a la puerta de la Iglesia, la segunda vez será flagelado por las calles. La tercera vez le será perforada la lengua y enviado a las galeras.“
Por rehusar pagar el diezmo, con los campesinos de Stedinger se llegó al asesinato en masa y al saqueo por parte de la Iglesia y sus señores. Los campesinos se negaron a pagar el diezmo al arzobispo de Bremen. En contra de ellos, en 1229 se hizo activo el terrible instrumento de la Inquisición.
El papa Gregorio IX hizo predicar a sus dominicanos la cruzada contra los campesinos de Stedinger.
En el invierno de 1229/30, el arzobispo Gebhard II, junto a su hermano y otros nobles y sus caballeros, fueron a la guerra contra los campesinos.
Al comienzo vencieron los campesinos, pero cinco años después, el 25 de marzo de 1234, fueron masacrados por el ejército al servicio de la Iglesia.
En la Edad Media, todos los propietarios de tierras estaban obligados a entregar una décima parte de su producción o sus ingresos a la iglesia local.
El que no pagaba, o no lo pagaba correctamente, se arriesgaba a una condenación y excomunión por parte de los curas.
Así los curas salían “armados y recaudaban las deudas sin conmiseración”, mientras que predicaban hipócritamente contra los intereses y usuras.
El papa Pío V les daba a los incautadores las siguientes instrucciones: “Un hombre común que no puede pagar su multa en dinero, deberá permanecer durante un día con las manos atadas a la espalda frente a la puerta de la Iglesia, la segunda vez será flagelado por las calles. La tercera vez le será perforada la lengua y enviado a las galeras.“
Por rehusar pagar el diezmo, con los campesinos de Stedinger se llegó al asesinato en masa y al saqueo por parte de la Iglesia y sus señores. Los campesinos se negaron a pagar el diezmo al arzobispo de Bremen. En contra de ellos, en 1229 se hizo activo el terrible instrumento de la Inquisición.
El papa Gregorio IX hizo predicar a sus dominicanos la cruzada contra los campesinos de Stedinger.
En el invierno de 1229/30, el arzobispo Gebhard II, junto a su hermano y otros nobles y sus caballeros, fueron a la guerra contra los campesinos.
Al comienzo vencieron los campesinos, pero cinco años después, el 25 de marzo de 1234, fueron masacrados por el ejército al servicio de la Iglesia.
Jesús no conocía funcionarios, por esto tampoco instauró a ninguno de ellos. La Iglesia católica lo ve esto un poco distinto …
El papa Inocencio III creó, poco después que asumió el cargo, 52 nuevos secretariados, que vendió por 79.000 florines de oro.
Los papas muchas veces declaraban vacantes estos puestos de sus antecesores, para poder venderlos de nuevo.
El papa León X había creado 39 nuevos cargos cardenalicios y se embolsó 511.000 ducados.
El precio para un cargo de cardenal costaba en aquel entonces entre 10.000 y 30.000 ducados de oro, cada uno.
Incluso el cargo del papado era comerciable y era rematado a la mayor oferta. Cuando en 1492 falleció el papa Inocencio VIII, el cardenal Della Rovere era el favorito. Él disponía más de 1.000.000 de ducados de oro de la república de Génova y otros 200.000 del rey de Francia, para darle mayor presión a su pretensión.
Su competidor, el español Rodrigo Borges, después Borgia, fue vicecanciller del Santo Trono bajo cuatro papas. “Los sobornos ofrecidos por él eran pasmosos. El regaló abadías ricas; villas lujosas e incluso ciudades completas, para asegurarse el voto de un cardenal.”
Durante los cinco días del cónclave en Agosto de 1492, él maniobraba con promesas sobre ascensos lucrativos y sobornos, para asegurarse le elección a su favor.
El cardenal Orsini vendió su voto por los castillos de Monticelli y Sariani.
El cardenal Ascanio Sforza quiso cuatro cargas de mula con plata – y la lucrativa cancillería, para garantizar su voto.
El cardenal Colonna recibió la rica abadía de San Benedicto, junto con todos los dominios y derechos patronales, para sí y su familia, para siempre.
El cardenal de San Angelo quería el obispado de Porto, con el castillo que allí había y una bodega llena de vino.
El cardenal Savelli recibió la Civita Castellana.
A Rodrigo aún le faltaba un voto para la victoria. El voto decisivo le pertenecía a un monje veneciano. El quería sólo 5.000 cor. y una noche con la hija de Rodrigo, la encantadora Lucrecia, de 12 años. El negocio se realizó, y con los votos de veintidós cardenales en el bolsillo, Rodrigo Borgia fue elegido como papa Alejandro VI.
Jesús no conocía funcionarios, por esto tampoco instauró a ninguno de ellos. La Iglesia católica lo ve esto un poco distinto …
El papa Inocencio III creó, poco después que asumió el cargo, 52 nuevos secretariados, que vendió por 79.000 florines de oro.
Los papas muchas veces declaraban vacantes estos puestos de sus antecesores, para poder venderlos de nuevo.
El papa León X había creado 39 nuevos cargos cardenalicios y se embolsó 511.000 ducados.
El precio para un cargo de cardenal costaba en aquel entonces entre 10.000 y 30.000 ducados de oro, cada uno.
Incluso el cargo del papado era comerciable y era rematado a la mayor oferta. Cuando en 1492 falleció el papa Inocencio VIII, el cardenal Della Rovere era el favorito. Él disponía más de 1.000.000 de ducados de oro de la república de Génova y otros 200.000 del rey de Francia, para darle mayor presión a su pretensión.
Su competidor, el español Rodrigo Borges, después Borgia, fue vicecanciller del Santo Trono bajo cuatro papas. “Los sobornos ofrecidos por él eran pasmosos. El regaló abadías ricas; villas lujosas e incluso ciudades completas, para asegurarse el voto de un cardenal.”
Durante los cinco días del cónclave en Agosto de 1492, él maniobraba con promesas sobre ascensos lucrativos y sobornos, para asegurarse le elección a su favor.
El cardenal Orsini vendió su voto por los castillos de Monticelli y Sariani.
El cardenal Ascanio Sforza quiso cuatro cargas de mula con plata – y la lucrativa cancillería, para garantizar su voto.
El cardenal Colonna recibió la rica abadía de San Benedicto, junto con todos los dominios y derechos patronales, para sí y su familia, para siempre.
El cardenal de San Angelo quería el obispado de Porto, con el castillo que allí había y una bodega llena de vino.
El cardenal Savelli recibió la Civita Castellana.
A Rodrigo aún le faltaba un voto para la victoria. El voto decisivo le pertenecía a un monje veneciano. El quería sólo 5.000 cor. y una noche con la hija de Rodrigo, la encantadora Lucrecia, de 12 años. El negocio se realizó, y con los votos de veintidós cardenales en el bolsillo, Rodrigo Borgia fue elegido como papa Alejandro VI.


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